jueves, 19 de agosto de 2010

Una cosa lleva a la otra

La primera vez que escuché un tango fue en el colegio, en el colegio Olmedo, en el aula de clases, en clases de música, de música que no tenía que ver nada con tango, y en la voz de quién… de Fernando Lara, sí el de Nace Una Estrella y de Latin American Idol, éramos recién adolescentes, mi compañero interpretó magníficamente Cambalache, acompañado de su padre, el profesor, el profesor de música. Escapa a mi memoria si era acordeón violín o guitarra, en fin, aparto el instrumento, el tap-tap de su zapato me sigue haciendo tap-tap en el cerebro… desde ese entonces empecé y a apreciar al tango y a despreciar al mundo.

“Sabor a Tango” fue lo que fui a escuchar y ver la noche del lunes 16 de agosto, un espectáculo de Los Hermanos Mera. Canciones inolvidables en sus voces inconfundibles, lo enérgico de Igor en su piano, así como para el ninja una espada es extensión de su cuerpo, lo es el piano para Igor Mera; la modestia de Daniel en la guitarra; la sutileza de Jorge haciendo cantar hasta el que no se sabe la letra; la pasión de Elizabeth, del canto sentido, que lo hace propio, lo disfruta y lo comparte, en conjunto logran una performance que vuelve susceptible al espectador. Bailaron Margarita Gallardo y Cristhian Romero. El escenario: La Casa de la Cultura, Portoviejo, un escenario que no da la talla de los artistas, (en Portoviejo no hay escenario que dé la talla de grandes artistas) las luces deslucieron completamente, el sonido, rescatable en el evento en vivo, porque por televisión defraudó, las sillas ni hablar y el equipo técnico que se intercomunicaba por radio desconcentraba a los artistas. El salón se llenó, en resumidas cuentas, como dijo el maestro de ceremonias, los Mera jalan gente, no importa dónde se presenten. Y la Casa de la Cultura sigue haciendo esfuerzos extraordinarios para presentar shows, mientras se planifica la monumental Ciudad Cultura.

Estas letras iban a ser una especie de crítica de la presentación, digamos, un comentario ‘culto’ pero el desánimo por ver a Portoviejo que no cuenta con un espacio para recitales, conciertos, y otras presentaciones artísticas como un teatro por ejemplo, o sin ejemplo, un teatro a secas, aunque sea uno, me hace recaer en lo ‘inculto’. Esto se convierte en un desastroso comentario visceral, hacia las autoridades de turno y a las que ya se turnaron la ciudad que poco les importó y les importa LA CULTURA, y a los que se creen dueños de la cultura de la Villa Nueva de San Gregorio de Portoviejo (esa estampa suena bien culta), y a los que se disputan el liderazgo cultural de la provincia, a los más cultos, y a los que le rinden culto a su ego y legado cultural, también.


Mientras me dirigía al show, moradores de la calle 15 de Abril cerraron un lado de la vía con piedras del otro lado de la vía, las piedras son (o fueron) para el cambio de suelo de una obra paralizada hace cuatro meses, alcancé a escuchar unas acertadas puteadas para el alcalde, mientras el taxi bruscamente agarraba otra ruta, había pancartas que en otras palabras se refería a Portoviejo como un pueblito olvidado… me parece que es la capital de Manabí.

‘Portoviejo es y será una porquería ya lo sé’, ya lo dije antes y lo vuelvo a repetir, es la suerte que le han dado gobernantes locales, provinciales y nacionales, no lo toman en serio, se burlan de esta ciudad, es el “qué me importa” en sus mentes, se burlan de quienes los elegimos, les apesta el progreso o les encanta el polvo y los baches.

Quienes hacen cosmopolita-divino a este pueblo-infierno son los valores artísticos y culturales, cito algunos en música, en el rock, y aquí generalizo el género, La Rola, Los Pescados, Agonía, Lagartija Electrónica, Nassa y La Nación, (por eso es bien llamada Portoviejo Rock City) en reggae, Los Maconheiros, en pop, Johanna Carreño, Los Hijo del Tamarindo y Roberto Rodríguez; magníficos intérpretes como Fernando Lara y los Hermanos Mera; voces rescatables de orquestas bailables, pintores, escultores, poetas, científicos, filósofos que le dan a esta ‘maldita ciudad’ un buen nombre en el mundo, o nos hace olvidar que es maldita, en la acepción: que molesta o desagrada…para el buen vivir o el mal morir.

Para quienes rondamos en Portoviejo por más de 20 años, dice el tango: veinte años no es nada… pero son suficiente para aprender o más bien acostumbrarse a amar a la ciudad, cuando nos distanciamos de ella es la niebla del riachuelo amarrado al recuerdo… de ese amor para siempre y volvemos, extrañando la madreselva que nos vio nacer, crecer, vivir y que trepa y sigue trepando, para abajo.

1 comentario:

  1. HERMOSO..DOLOROSO...CRUEL..REAL..CERTERO..LASTIMA..HIERE..PERO TAMBIEN NOS SACUDE..Y NOS HACE REFLEXIONAR.."Para quienes rondamos en Portoviejo por más de 20 años, dice el tango: veinte años no es nada… pero son suficiente para aprender o más bien acostumbrarse a amar a la ciudad, cuando nos distanciamos de ella es la niebla del riachuelo amarrado al recuerdo… de ese amor para siempre y volvemos, extrañando la madreselva que nos vio nacer, crecer, vivir y que trepa y sigue trepando, para abajo.

    ResponderEliminar